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Ser madre de un hijo de las estrellas.

Desde que estaba embarazada de él, sentía que este hijo era especial, una noche se me presentó en un sueño con una energía muy calma, una mirada profunda he intensa y un cabello rubio y desordenado.

Cuando nació su pelo era dorado como el sol y de su pequeño cuerpecito blanco emanaba serenidad, me perdía en su mirada cuando le daba de mamar, fue creciendo este niño el menor de cuatro hermanos, casi ni hablaba con sus ojitos lo decía todo, luego entró al jardín infantil y fue el primer rechazó en esta sociedad esteriotipada, de moldes, este niño dulce de pocas palabras no encajaba… En lo personal me encanta salir con él y ver el mundo a través de sus ojos miel, asombrarme de los rayos del sol que atraviesan los prismas de mi ventana, maravillarme con una fila de hormigas, sorprenderme con el plumaje de un pavo real o un flamenco, observar cada mañana la montaña más alta y recibir por lo menos veinte te amo al día. “El rucio” como le decimos, es diagnósticado con TEA ( transtorno de espectro autista) para mi él viene de las estrellas y no le ha sido fácil encajar en esta tierra, ha sido una bendición que me eligiera como su mamá, me ha enseñado el significado del respeto, tolerencia, paciencia, inclusión, agradecer la diversidad que finalmente es la sal de la vida.
Claudia Alarcón Stevens
Directora comercial de El Nido Corredora Boutique / Terapeuta con Angeles